8 de marzo. ¿Por qué existe un día destinado a la mujer?

Hay quienes agasajan a las mujeres cada 8 de marzo. Regalan flores, hacen obsequios, expresan deseos de felicidad. Hay mujeres que se reúnen a celebrar su día de distintas maneras; otras que no están de acuerdo con una fecha para ese fin; muchas que ni siquiera tienen la posibilidad de registrar estas cuestiones, escurridas de toda participación y organización social.Hay, también, una infinidad de publicidades que ofrecen objetos a los que promocionan como imprescindibles para alcanzar la felicidad femenina.Dentro de esta variedad de expresiones alrededor del 8 de marzo, la pregunta obligada es: ¿por qué existe un día destinado a la mujer?Y una manera de empezar a responderla es, tal vez como una cita obligada, remontarse a principios del siglo XX a un hecho trágico como fue el incendio de una fábrica de Nueva York, donde murieron trabajadores textiles, 123 mujeres y 23 hombres, por las quemaduras provocadas por el fuego, la inhalación de humo, o por derrumbes. La mayoría de las víctimas eran mujeres inmigrantes y jóvenes,  que se dedicaban a confeccionar blusas para otras mujeres, seguramente con una vida más benévola. Había obreras de 14 años y la mayor de las víctimas tenía 48 años. Vidas lamentablemente perdidas y en circunstancias tremendas: al no poder escapar del edificio, que tenía cerradas las puertas de las escaleras y las salidas, muchas de las obreras se arrojaron al vacío desde los pisos octavo, noveno y décimo. Puertas cerradas para controlar a las trabajadoras y evitar posibles hurtos.Ese desastre ha atravesado la celebración del Día internacional de la Mujer Trabajadora. Hay otros hitos, fijados principalmente por el partido socialista en Estados Unidos (1909) y en Copenhague (1910) donde la Internacional Socialista proclamó el Día de la Mujer de carácter internacional en homenaje al movimiento en favor de los derechos de la mujer y como un modo de ayudar a conseguir el sufragio femenino universal. Después de experiencias similares en otros países, en 1975 y en coincidencia con el Año Internacional de la Mujer, las Naciones Unidas celebraron el Día Internacional de la Mujer por primera vez, el 8 de marzo.La lucha de las mujeres por la equidad se vio reflejada en la Carta de las Naciones Unidas (1945), primer acuerdo internacional para afirmar el principio de igualdad entre mujeres y hombres. Pero está visto que modificar pautas culturales que llevan siglos de antigüedad no es tarea sencilla. Pasarían más de 30 años hasta que se reuniera la Convención sobre Eliminación de todas las formas de Discriminación contra las Mujeres (Naciones Unidas, 1979) invitara a los Estados Parte a tomar las medidas necesarias para “Modificar los patrones socioculturales de conductas de hombres y mujeres, con miras a alcanzar la eliminación de los prejuicios y las prácticas consuetudinarias y de cualquier otra índole que estén basadas en la idea de inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres”Sin embargo, es evidente que no bastan las declaraciones de organismos internacionales, las leyes para erradicar la violencia, los discursos, las comisiones. Son imprescindibles, pero no alcanzan. La discriminación no cede. Y la violencia se manifiesta a diario. No sólo en el aspecto físico sino en lo simbólico: en el lenguaje, las costumbres, lo aceptado como definición de lo que es ser un hombre o lo que es ser una mujer, de lo que corresponde o no, de lo que se puede o se debe hacer o no, cómo sentir, pensar, comportarse o simplemente vivir.La expresión más extrema de este violento ejercicio del poder es el asesinato de mujeres. Y fue necesario encontrar una nueva palabra para nombrar y descubrir su significado político: femicidio. Ese término según Russel y Radford es que el mejor describe “los asesinatos de mujeres por parte de hombres, motivados por el desprecio, el odio, el placer o el sentido de propiedad sobre ellas” pues así se descubre el velo oscurecedor con que las cubren de otros términos “neutrales” como homicidio o asesinato. El concepto femicidio da cuenta de que las relaciones inequitativas entre los géneros determinan estas muertes. Resulta útil porque indica el carácter social y generalizado de esta violencia, lejos de planteamientos individualizantes y naturalizados generalmente en clave romántica, que justifican al victimario como alguien poseído por fuerzas irracionales exteriores, e inevitables: amor, pasión, venganza, humillación, rechazo, que el agresor no puede controlar.

Hechos de estas características nos sorprenden y sacuden casi a diario. Parecen crecer, a pesar de las campañas, publicaciones, manifestaciones, iniciativas estatales y privadas para tratar de desterrar la violencia de género.Y entonces, es bueno detenerse y reflexionar para advertir sobre: ¿cómo criamos y educamos a nuestros hijos?, ¿cómo nos comportamos con otras mujeres?, ¿juzgamos livianamente o tratamos de comprender?, ¿cómo se reproducen apreciaciones sobre el amor o la pareja en canciones, programas de TV, en el cine, en lo que leemos?Y encontramos que sí es importante destinar un día para la mujer. Para agasajarla o mimarla en el mundo íntimo familiar, si se quiere. Y para procurar ese plano de igualdad con el hombre en la participación ciudadana y laboral y en su desarrollo íntegro como persona, como sujeto de derecho, de todos los derechos.

FERNANDEZ, A.M.: “FEMICIDIOS: la ferocidad del patriarcado”. Rev. Nomadías, Nov. 2012, N° 16, 47-73

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