Sigamos el ejemplo de la juventud

EDITORIAL

Nuestra realidad superó a la ficción y a cualquier serie de Netflix. La vacancia forzada del presidente Vizcarra, la breve y funesta presidencia de Merino y dos presidentes de la República encargados en una semana son el reflejo de una clase política deslegitimada y sin escrúpulos (con contadas excepciones), una débil institucionalidad y la cada vez más preocupante falta de gobernabilidad de nuestro país.

Estos lamentables hechos también revelan que la corrupción es un monstruo con vida propia y se defiende cuando es amenazada. Es evidente que fue capaz de sacar al presidente de la República, al aprovechar las acusaciones de corrupción en su contra. Indudablemente, que ello fue posible por la actuación de sus representantes en el Congreso de la República, liderados por el inefable ex contralor Alarcón, quien tiene más denuncias en su contra que proyectos de ley presentados.

Es evidente que en el Congreso de la República también hay grupos que defienden intereses particulares, como la liberación de Antauro Humala, la desaparición de la SUNEDU y la flexibilización de las medidas contra la minería ilegal, quienes estuvieron detrás de este golpe de Estado con apariencia legal, pero sin legitimidad.

Todo ello se sumó al afán de poder de Manuel Merino, que quería pasar a la historia. Y vaya si lo logró, pues será recordado como Merino el Breve. Será difícil que alguien pueda hacer una gestión tan mala en seis días.

No tuvo mejor idea que reclutar a muchos ex ministros y políticos oportunistas para conformar un gabinete que hacía recordar películas como “El retorno de los muertos vivientes” o “Los doce del patíbulo”.

Sin embargo, nunca esperaron la respuesta de una juventud informada que no estaba dispuesta a permitir que la corrupción, por medio de un grupúsculo de 105 individuos, manejara el país en función de sus intereses. Esta juventud salió a las calles, se organizó y lideró a la población en defensa de sus derechos y por el restablecimiento del Estado de derecho y en 6 días neutralizó la corrupción.

Lamentablemente, fueron objeto de una brutal represión al peor estilo del fascismo, que fue respaldada por el presidente del Consejo de Ministros, Antero Flores Araoz, consentida por el ministro del Interior, Gastón Rodríguez, y alentada por la lideresa fujimorista, Martha Chávez. Así, en la Segunda Marcha Nacional, fueron asesinados Bryan Pintado Sánchez (22) e Inti Sotelo Camargo (24).

En medio de tanta desgracia, nuestra juventud ha demostrado que el cambio es posible. Con sus movilizaciones, lograron sacar a Merino y a Don Gato y su pandilla. Además, advirtieron al Congreso y a la clase política que están vigilantes de sus acciones y mostraron a la población que es necesario luchar para construir un Estado de bienestar sin desigualdades y con igualdad de oportunidades.

Un aprendizaje de esta reacción ciudadana es la constatación del poder de las redes sociales. Los jóvenes estaban informados de lo que ocurría en tiempo real, se convocaban simultáneamente por las redes, se organizaban para cumplir labores específicas durante las marchas y estas se daban en todos los distritos de Lima y en todo el país. Esta es una enseñanza que nosotros como trabajadores debemos aplicar en la defensa de nuestros derechos.

Pero la coyuntura nos remite a un problema más de fondo: la vacancia del poder como tal en el Perú. La incapacidad de mandar que se instala con la renuncia de Kuczynski y que no se resuelve hasta ahora, porque el presidente provisorio es un “tentenpié” pero nada más.

El escenario en el que los grandes empresarios vigilan, los tecnócratas administran y los políticos dan vueltas, cobrando jugosas coimas por su actuación, continúa, aunque se encuentre desbordado. Por todo esto consideramos que el poder está vacío. La crisis del régimen neoliberal sin soluciones de fondo a la vista lo ha vaciado de contenido y la falta de un liderazgo y una alternativa que establezca un norte en la actualidad, fuera de los cánones neoliberales, hace que nos encontremos en la orfandad.

Sigue vigente lo señalado hace 100 años por Manuel González Prada, tenemos un sistema podrido que secreta corrupción y produce camadas sucesivas de políticos corruptos. En este mar de sargazos solo queda esperar que Sagasti, quien viene precedido por una trayectoria de decencia y amplitud, empiece en su corto mandato de ocho meses a romper con esta cadena de corrupción que ha traído el neoliberalismo. La elección de Francisco Sagasti es una luz al final del túnel y también un punto de partida para empezar un verdadero cambio en nuestro país. Sigamos el ejemplo de la juventud que lucho y se sacrificó para desterrar la corrupción y construir un país más justo e igualitario.

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos obstruccionistas de los grupos interesados en el Congreso, la presión de la calle tuvo sus frutos y frente a esa perspectiva hay que entender el futuro inmediato no sólo como un proceso electoral más que nos lleve a elegir un nuevo gobierno. Hay que convertir este proceso electoral en un proceso constituyente, que nos abra el camino para el debate sobre una nueva constitución. Así tendrá sentido elegir, más allá de la exhibición de candidatos, promesas y partidos, debatiendo sobre los temas que definan nuestro sistema político, social y económico.

Sigamos el ejemplo de la juventud

“El día que el triunfo alcancemos ni hambrientos ni esclavos habrá, la tierra será el paraíso de toda la humanidad; agrupémonos todos en la lucha final, nosotros mismos realicemos el esfuerzo redentor” La Internacional.