Una sola fuerza frente a los desastres en nuestro Perú

Estamos viviendo tiempos difíciles en el Perú producto de los desastres climáticos, huaycos, desbordes, lluvias densas cuyo resultado según las cifras oficiales del Centro de Operaciones de Emergencia Nacional, hasta el sábado 18 de marzo había casi 100 mil damnificados directos, más de 600 mil personas y 134.000 viviendas afectadas, 75 muertos y 20 desaparecidos. Las principales concentraciones humanas del país, ciudades costeras establecidas en valles desérticos como la capital, Lima (en el centro); Piura, Trujillo y Chiclayo (en el norte) y Huarmey, al norte de Lima, han sido duramente golpeadas.

La costa es la región más densamente poblada de Perú. Uno de cada tres peruanos vive en Lima, una ciudad con alrededor de 10 millones de personas. Muchas de ellas habitan zonas de alto riesgo, asentamientos establecidos mediante sucesivas invasiones y maniobras de tráfico de tierras. A mediados de la semana pasada, el río Rímac, que atraviesa Lima, y un afluente, el Huaycoloro, se desbordaron.

Simultáneamente, una serie de tormentas se abatieron sobre las ciudades de la costa norte. Las redes sociales y los noticieros difundieron escenas de puentes destruidos, gente varada en la orilla equivocada, vecindarios sumidos en el lodo y heroicos esfuerzos de rescate.

Debemos precisar que no es solamente un desastre natural sino quien ha cambiado es el paisaje humano. Los campos cultivados han sido recubiertos de cemento. Allí donde la población era dispersa, hoy se agolpan millones de personas. Los techos, en las ciudades de la costa, son planos y permeables; pero las vías públicas son impermeables y sin drenajes, propensas a empozamientos, no hay sistemas de drenaje en las pistas y todo se empoza cuando hay desbordes de este tipo.

La crisis, que ha tocado tan de cerca a la capital del país, pone en evidencia  la mala administración de ejecución de obras de infraestructura plagadas de corrupción y amodorradas durante mucho tiempo. En medio del desastre se ve un incierto espíritu de solidaridad que ha surgido en los últimos días. El presidente y los ministros repartieron su presencia en distintos puntos de atención crítica, ofreciendo una coherente sensación de serenidad ejecutiva. La información ofrecida a la población ha sido notablemente sensata y oportuna. La oposición suspendió el fuego cruzado que mantenía con el gobierno. Miles de ciudadanos enlodados, con sus bienes perdidos, sin agua potable y expuesta al sol inclemente, mantienen una estoica disciplina, salvo una que otra explosión de angustia o impaciencia.

Es hora de sumar esfuerzos para ayudar a los damnificados, pero también es tiempo de asumir una actitud de respeto a la naturaleza, empezando por usar racionalmente el agua, sembrar árboles, fiscalizar las obras de contención en las riberas y planificar la ciudad con visión de enfrentar los desastres naturales.

Desde nuestro sindicato nos sumamos, como #UnaSolaFuerza para salir adelante como país, porque juntos ¡Si podemos ¡