EDITORIAL.Institucionalidad: Al borde del abismo

Nuestro país enfrenta una coyuntura marcada por reiterados escándalos de corrupción, por parte de nuestra clase política, que supervive como parásitos en las instituciones del Estado, generando una agudización del conflicto entre el Legislativo y el Ejecutivo, los enfrentamientos entre los procuradores y el permanente transfuguismo de los congresistas ante la posibilidad de un adelanto de elecciones o la renuncia de Vizcarra. Se abre la posibilidad de un gobierno de la CONFIEP, como tabla de salvación para las grandes corporaciones.  Cuando se están generalizando los conflictos sociales en rechazo a la minería.

De ese modo, se modularía el Ejecutivo con el Legislativo para dilatar o descarrillar las investigaciones efectuadas por el Poder Judicial, refutando el acuerdo con Odebrecht para de esa manera imposibilitar que se utilicen las pruebas, que es parte del arreglo de esta gran coalición que afecta a importantes sectores corruptos del empresariado nacional y extranjero.

Sería un gobierno provisional de la CONFIEP, que se forma justo en el momento que caen sus ganancias y se acrecientan sus temores, más preocupados por el “ruido político” y las investigaciones judiciales que tocan a todo el Club de la Construcción, a varios de los principales estudios de abogados de asesoría corporativa, a numerosas tecnocracias que aprobaron los proyectos en la hasta ahora intocada Pro Inversión.

Es muy importante para las élites abogadiles y empresariales evitar por todos los medios que se juzgue un caso de conflicto de intereses en la medida que ocurre con notable frecuencia con la puerta giratoria. Hay que bloquear que se tenga un precedente.

El problema de esta opción es que desnuda el poder y podría generar una crisis de régimen si se genera una amplia oposición popular ante las influencias más abiertas de la CONFIEP, el freno a los esfuerzos anticorrupción y las medidas represivas.

Esto se traduce en una débil institucionalidad y la pérdida total de confianza por parte de la ciudadanía. Todo lo cual coloca al país al borde del abismo. Se están creando las condiciones para un golpe de Estado o de una nueva aventura violentista.

Por si fuera poco, los gremios empresariales como la CONFIEP y la Sociedad Nacional de Minería reclaman una mayor energía del gobierno para reprimir los conflictos sociales en defensa de la inversión. No importa el sentir de la población ni si ésta otorga una licencia social. Tampoco si hay muertos como consecuencia de las protestas y los actos represivos de las fuerzas policiales, como en el Baguazo.

Consideran que es necesario viabilizar estas inversiones para asegurar el crecimiento económico y obviamente maximizar las utilidades. Este mensaje omite decir que el crecimiento económico no es sinónimo de desarrollo porque justamente es el desarrollo el que incorpora aspectos sociales, económicos y medio ambientales en beneficio de la población.

Esta es una evidencia que el modelo neoliberal fracasó, pero que no le interesa mantenerse inclusive con una democracia debilitada. Por ello, promueve una eventual vacancia y una conducción transitoria de la segunda vice presidenta con un Congreso atomizado.

En este contexto, es necesario que los trabajadores asumamos una posición responsable y fortalezcamos nuestras organizaciones sindicales. Solo la unidad de los trabajadores y defensa de una propuesta alternativa que contenga cambios profundos en nuestro sistema político y económico, que respeten los derechos fundamentales de los trabajadores y los ciudadanos, garantizará un mejor futuro para las nuevas generaciones.

Precisamente, esta es la tarea de la hora, seamos agentes de cambio. Participemos desde nuestro entorno en la vida política de nuestro país, con el concepto de política, como un servicio a la ciudadanía.  No a la política del que “roba, pero hace obra”, ni la política del que matamos menos. Nuestro país se cae a pedazos y de nosotros dependerá reconstruir el tejido social.

Frase Célebre

“Los obreros no alcanzan a comprender que si practicaran la solidaridad de clase, si tuvieran un solo arranque de energía, si dieran unos cuantos golpes con la piqueta y el hacha, no tardaría mucho en venir por tierra el edificio de todos los abusos y de todas las iniquidad
Manuel González Prada